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viernes, 15 de febrero de 2013

Una historia violenta y neolítica

 
Hace unos años el diario “El mundo” publicaba una historia real de una masacre en un pueblo neolítico ocurrida hace 7.000 años en los alrededores de lo que hoy es la ciudad alemana de Talheim, cerca de Leipzig.
La secuencia de los hechos parece ser que fue la siguiente. Un grupo llegó al asentamiento, secuestraron a casi todas las mujeres y sus varones perdieron la vida sin poder rescatarlas de los enemigos. Esta es la conclusión a la que han llegado un grupo de investigadores, dirigidos por Alexander Bentley, de la Universidad británica de Durham, que han analizado los restos dentales de un enterramiento de 34 individuos. Para llegar a estas conclusiones este equipo de investigadores utilizó medios arqueológicos y químicos para extraer las conclusiones.
Gracias a los datos obtenidos han podido obtener un retrato, bastante fiel, según sus palabras, de lo que ocurrió en aquella brutal masacre y las relaciones que había entre todos los muertos y así se presentaron en las revista “Antiquity”.
Los estudios realizados en los dientes, que pertenecen a 18 adultos y 16 niños, les han ayudado a determinar que los esqueletos corresponden a dos tribus y que algunos de sus miembros tenían rasgos hereditarios comunes. Todos ellos fueron asesinados salvajemente en el mismo ataque, algunos con fuertes golpes de hachas de piedra en la cabeza. Las víctimas fueron enterradas juntas en el mismo hoyo, a tres metros de profundidad en una tumba que se encontró en los años 80 del siglo XX.
Bentley y sus colegas han averiguado que aquellos hombres neolíticos, que vivieron hacia el 4.900 antes de Cristo, pertenecían a tres grupos diferentes.

En uno de ellos, que era el de la tribu local, curiosamente sólo hay restos óseos de hombres y de niños de diferentes edades. Ello hace pensar a los investigadores que las mujeres habían sido capturadas por los atacantes y llevadas vivas a otro lugar. Este secuestro podría haber sido la causa por la que se inició la cruenta batalla.
Los grupos de los atacantes los han dividido en dos y en ambos murieron tantos hombres como mujeres de edades distintas. Uno de ellos corresponde a toda una familia, compuesta por padre, madre, hija, hijo y abuela. El otro es de individuos que, por lo que se ha averiguado de su alimentación, se sabe que vivían en una zona alejada de la comunidad atacada. "Todo parece indicar que apuntaron a esta comunidad concreta, como si fuera una venganza entre tribus rivales. Aunque la lucha por los recursos en Europa central era causa de enfrentamientos continuos, en este caso las pistas apuntan que aquí la razón del ataque fueron las mujeres locales, que fueron tratadas de forma diferente del resto y continuaron vivas", argumenta Bentley.
Las marcas que las hachas dejaron en la cabeza parecen señalar que las víctimas no pudieron defenderse o que intentaron huir del ataque, que les habría pillado por sorpresa. Estas tribus eran trashumantes y viajaban con rebaños de ganado de un lugar a otro.
 
Lo cierto es que en este caso pudieron ser por las mujeres, pero otras es muy probable que en otras muchas ocasiones las razones pudieran ser la codicia por conseguir los bienes de los demas, es decir, su cosecha o su ganado. 
 

La revolución neolítica

El Neolítico (Edad de la piedra nueva) —por contraposición al Paleolítico (Edad de piedra antigua)— es el segundo momento de la Prehistoria. El término fue acuñado por John Lubbock en su obra de 1865 que lleva por título Prehistoric Times. Lo cierto es que durante el neolítico se dará una auténtica revolución, un cambio drástico y radical que romperá con el paleolítico y con la economía depredadora. 
Inicialmente se le dio este nombre en razón de los hallazgos de herramientas de piedra pulimentada que parecían acompañar al desarrollo y expansión de la agricultura. Hoy en día se define el Neolítico precisamente en razón del conocimiento y uso de la agricultura o de la ganadería. Normalmente, pero no necesariamente, va acompañado por el trabajo de la alfarería.
La agricultura y la ganadería empezaron a practicarse en diferentes lugares del planeta de manera independiente y en distintas fechas. La primera región donde se encuentran pruebas de la transición de unas sociedades de cazadores-recolectores a otras de productores fue el Creciente Fértil (Oriente Próximo), hacia el 10.000 a. C., desde donde se extendió a Europa, Egipto, a otros puntos del Oriente Medio y, quizás, el sur de Asia.
El origen de esto pudo ser un cambio climático. Este cambio de clima se produjo entre el 12.000 y el 8000 a. C (en que se pasó de un clima frío a otro más clima templado). Esto provocó que el hombre modificara sus costumbres. Por ejemplo, se aprecia que el hombre deja las montañas para desplazarse hacia los llanos en persecución de sus presas de caza.
Del establecimiento de la ganadería y de una economía de base ganadera surge la trashumancia, que pone en contacto a los pueblos y, consecuentemente, facilita la comunicación entre gentes de culturas, tierras y tribus diversas. La emigración de tribus y la difusión de técnicas, que cada grupo aprende del grupo vecino, va extendiendo las culturas neolíticas desde su foco originario hacia el resto del mundo.
De estos contactos y del desarrollo simultáneo de la agricultura surgen, entre otras cosas, los primeros molinos manuales para moler los granos que se cultivan. Una de las primeras aldeas neolíticas están en el Sudeste de Anatolia (en Çatalhöyük) hacia el 8000 a. C.
Se sabe de la siembra, recolección y almacenaje de cereales, y se sabe que domesticaron algunos animales, y entre ellos, el primero, el perro. Se construyeron poblados de casas de adobe, con cubierta plana, aproximadamente rectangulares en medianería, sin calles y con entrada por la cubierta.
Un invento de vital importancia para la vida de las personas, y que tuvo un desarrollo muy rápido, es la alfarería y con ella la cerámica. Permitió la construcción de recipientes para líquidos y facilitó enormemente la vida del hombre, que ya no necesitaba estar permanentemente en las cercanías del agua, o realizar a menudo largos recorridos para abastecerse, pues almacenaba el agua, y también granos, semillas, productos molidos, etcétera, en los recipientes de alfarería.
Aparecida la alfarería, el hombre intenta decorarla. Hay indicios de que las primeras decoraciones se hacían con cuerdas.
Igualmente se empiezan a usarse los primeros trenzados de fibras. Probablemente los primeros se hicieron toscamente con ramas. La técnica fue evolucionando hasta llegarse a cestos bastante bien logrados en el Neolítico, producto de la necesidad de recolección de frutos, que existía hacia cientos o miles de años. Los cestos se hicieron de mimbre. En éstas, los humanos se dieron cuenta, por causas desconocidas, quizás por casualidad, de que algunos productos, como la lana, el lino y el cáñamo (y luego otros) podían estirarse mediante un tosco huso o una barra de madera redonda, a modo de imitación de los tejidos de los cestos podían tejerse estos hilos y fabricar telas. Seguramente al principio se pensó utilizar el invento para hacer cestas más ligeras, antes de destinarlos a telas de vestidos. Otra prenda muy difundida es el saco, tejido en esparto.